"Acompañar a la familia en la enfermedad"

30 Edición Semana del Enfermo.


Finalizada la XXX Semana del Enfermo en Olleros y Sahelices de Sabero, en nombre de las parroquias y del mío propio, queremos manifestar nuestra gratitud a todos los que de una y otra forma habéis participado en esta larga, profunda y rica XXX Semana del Enfermo.



Gracias a los intervinientes:

• Antonio Díez González.

• Jesús García Recio.

• Abilio Fernández García.

• Raquel Martínez González.

• Manuel Fresno González.


Gracias por la preparación, exposición y testimonio que a través de unas profundas y enjundiosas jornadas de reflexión y oración se logró llevar a cabo el lema de la Semana: "Acompañar a la Familia en la Enfermedad".

Gracias por la consecución de los seis objetivos que nos habíamos marcado en la programación:

1. Reclamar la atención sobre el importante papel que la familia tiene en la atención al enfermo, y dar a conocer las necesidades que le surgen en la situación de enfermedad.

2. Promover la ayuda a las familias, en las parroquias y hospitales, a fin de que puedan desempeñar ese papel insustituible en la atención al enfermo.

3. Evangelizar a las familias de los enfermos, preparándolas y ayudándoles a vivir humana y cristianamente la crisis que les produce la enfermedad de uno de los suyos.

4. Valorar y celebrar la entrega de las familias que saben cuidar con amor y acierto a sus enfermos. 5. Promover el compromiso de la comunidad cristiana y de la sociedad con las familias, que se traduzca en acciones realistas y creativas, individuales y colectivas.

6. Celebrar la fe junto a la familia, enfermos, profesionales, instituciones, voluntariado, etc., y difundir, apoyar y agradecer su tarea y entrega.

Gracias a todos los intervinientes y asistentes de la Unidad Pastoral de de Olleros y Sahelices de Sabero, que desde su participación, no tuvieron inconveniente en dejar otros diversos quehaceres y así hacer compatible sus ocupaciones con los encuentros de reflexión, meditación y oración.

Gracias a la intendencia y voluntariado que desde su disponibilidad, trataron de tenernos a punto toda la infraestructura para que la Semana del Enfermo, pudiera cumplir sus cometidos a través de cada día.

En la evaluación que hemos realizado, se ha visto la semana como muy positiva y de gran provecho para las personas asistentes.

Manifestado por todos los asistentes su satisfacción por las diversas actividades recibidas a través de cada día.

Igualmente que por las charlas, experiencias, reflexión y oración de todos los intervinientes, participantes y asistentes.

Y lo mismo por la preparación y recepción del Sacramento de la Unción, administrado de forma comunitaria en Olleros y Sahelices de Sabero a 25 personas.

Queremos reiterar nuestro agradecimiento a todos por vuestro ánimo, aliento y empuje que nos dais para seguir adelante con esta actividad ya tradicional, llamada "Semana del Enfermo".

Festividad del Corpus Christi.

Vuestro Párroco:

Manuel Fresno González.


Carta de presentación de la 30 Semana del Enfermo que se celebrará del 28 de Mayo al 3 de Junio de 2018 en Sahelices a las 18 horas y en Olleros a las 19:30 horas.


¡Hola amigos/as!

Las Parroquias de la Unidad Pastoral del Valle de Sabero a través de sus comisiones de Caritas, nos ofrecen este sencillo programa y nos invitan a participar en estas Jornadas de la XXX Semana del Enfermo del 28 de Mayo al 3 de Junio de 2018.

Este año con el lema: "Acompañar a la familia en la enfermedad"

OBJETIVOS:
1. Reclamar la atención sobre el importante papel que la familia tiene en la atención al enfermo, y dar a conocer las necesidades que le surgen en la situación de enfermedad.
2. Promover la ayuda a las familias, en las parroquias y hospitales, a fin de que puedan desempeñar ese papel insustituible en la atención al enfermo.
3. Evangelizar a las familias de los enfermos, preparándolas y ayudándoles a vivir humana y cristianamente la crisis que les produce la enfermedad de uno de los suyos.
4. Valorar y celebrar la entrega de las familias que saben cuidar con amor y acierto a sus enfermos.
5. Promover el compromiso de la comunidad cristiana y de la sociedad con las familias, que se traduzca en acciones realistas y creativas, individuales y colectivas.
6. Celebrar la fe junto a la familia, enfermos, profesionales, instituciones, voluntariado, etc., y difundir, apoyar y agradecer su tarea y entrega.

Manuel Fresno González.
Olleros de Sabero.
Abril 2018.


PROGRAMA

Sahelices de Sabero: 6:00 de la tarde.
Olleros de Sabero 7:30 de la tarde.


• Lunes 28 de Mayo:
"HACEROS DE MIEL CON EL ENFERMO".
*Antonio Díez González: Profesor de Enseñanza Secundaria.

• Martes 29 de Mayo:
"JESÚS Y LA FAMILIA ANTE LA ENFERMEDAD."
El poder de curar.
* Jesús García Recio, Director del Instituto Bíblico Oriental.

• Miércoles 30 de Mayo:
"ACOMPAÑAR A LA FAMILIA EN LA ENFERMEDAD: CONCEPTOS".
*Abilio Fernández García, Capellán del Hospital de San Juan de Dios.

• Jueves 31 de Mayo:
"AHÍ TIENES A TU HIJO… AHÍ TIENES A TU MADRE".
Mensaje del Papa Francisco.
*Manuel Fresno González, Párroco.

• Viernes 1 de Junio:
"ACOMPAÑAR A LAS FAMILIAS EN LA VULNERABILIDAD".
"Aplicación Pastoral y Experiencias".
*Raquel Martínez, Hospital Monte San Isidro.
*Abilio Fernández, Hospital San Juan de Dios.

• Sábado 2 de Junio:
ORACIÓN:
FAMILIA, ENFERMO, VOCACIÓN.

VÍSPERAS.
*Manuel Fresno González, Párroco.

• Domingo 3 de Junio:
EUCARISTÍA PARROQUIAL.
SANTA UNCIÓN COMUNITARIA.


Estimado Amigo:
De nuevo, la Unidad Pastoral del Valle de Sabero se dispone a celebrar la" XXX Semana del Enfermo " del 28 de Mayo al 3 de Junio de 2018.

Te mostramos este sencillo programa, que hemos elaborado con ilusión y esperanza, pudiendo hacer partícipe a quien creas oportuno.

+ Puedes ver la fotos de la 30 Semana del Enfermo, más abajo, después de la Oración.


Recibe un cordial saludo de tu amigo.

Manuel Fresno González.

Parroquia de Santos Justo y Pastor.
C/ Gerardo Población, 12.
24.811-Olleros de Sabero.
Tfno. 987.71.83.04
680.820-112
Email: manuelfresnogonzalez@gmail.com


estampa


CAMPAÑA DEL ENFERMO 2018.

ORACIÓN
POR LAS FAMILIAS DE LOS ENFERMOS


Señor, Tú nos bendices con el don de la familia.
Te damos gracias por el amor, la fuerza y el consuelo
que las familias dan al enfermo.
Vuelve hacia ellas tu mirada
y protégelas cada día.
Haz que este momento doloroso
sirva para unirlas,
para que sus miembros
se preocupen más unos de otros
y sean capaces de manifestar
más abiertamente su amor mutuo
y su fe en Ti.
Señor, acompáñalas en su camino
y bendícelas con tu gracia
para que sientan tu cercanía y tu ayuda
mientras cuidan a sus enfermos,
y sufren y gozan con ellos.
Amén.

FOTOS DE LA 30 SEMANA DEL ENFERMO.


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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA XXVI JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 2018.
Mater Ecclesiae: «Ahí tienes a tu hijo... Ahí tienes a tu madre.
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa» (Jn 19,26-27)

Queridos hermanos y hermanas:
La Iglesia debe servir siempre a los enfermos y a los que cuidan de ellos con renovado vigor, en fidelidad al mandato del Señor (cf. Lc 9,2-6; Mt 10,1-8; Mc 6,7-13), siguiendo el ejemplo muy elocuente de su Fundador y Maestro.
Este año, el tema de la Jornada del Enfermo se inspira en las palabras que Jesús, desde la cruz, dirige a su madre María y a Juan: «Ahí tienes a tu hijo... Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa» (Jn 19,26-27).

1. Estas palabras del Señor iluminan profundamente el misterio de la Cruz. Esta no representa una tragedia sin esperanza, sino que es el lugar donde Jesús muestra su gloria y deja sus últimas voluntades de amor, que se convierten en las reglas constitutivas de la comunidad cristiana y de la vida de todo discípulo.
En primer lugar, las palabras de Jesús son el origen de la vocación materna de María hacia la humanidad entera. Ella será la madre de los discípulos de su Hijo y cuidará de ellos y de su camino. Y sabemos que el cuidado materno de un hijo o de una hija incluye todos los aspectos de su educación, tanto los materiales como los espirituales.
El dolor indescriptible de la cruz traspasa el alma de María (cf. Lc 2,35), pero no la paraliza. Al contrario, como Madre del Señor comienza para ella un nuevo camino de entrega. En la cruz, Jesús se preocupa por la Iglesia y por la humanidad entera, y María está llamada a compartir esa misma preocupación. Los Hechos de los Apóstoles, al describir la gran efusión del Espíritu Santo en Pentecostés, nos muestran que María comenzó su misión en la primera comunidad de la Iglesia. Una tarea que no se acaba nunca.

2. El discípulo Juan, el discípulo amado, representa a la Iglesia, pueblo mesiánico.
Él debe reconocer a María como su propia madre. Y al reconocerla, está llamado a acogerla, a contemplar en ella el modelo del discipulado y también la vocación materna que Jesús le ha confiado, con las inquietudes y los planes que conlleva: la Madre que ama y genera a hijos capaces de amar según el mandato de Jesús.
Por lo tanto, la vocación materna de María, la vocación de cuidar a sus hijos, se transmite a Juan y a toda la Iglesia. Toda la comunidad de los discípulos está involucrada en la vocación materna de María.

3. Juan, como discípulo que lo compartió todo con Jesús, sabe que el Maestro quiere conducir a todos los hombres al encuentro con el Padre. Nos enseña cómo Jesús encontró a muchas personas enfermas en el espíritu, porque estaban llenas de orgullo (cf. Jn 8,31-39) y enfermas en el cuerpo (cf. Jn 5,6).
A todas les dio misericordia y perdón, y a los enfermos también curación física, un signo de la vida abundante del Reino, donde se enjuga cada lágrima. Al igual que María, los discípulos están llamados a cuidar unos de otros, pero no exclusivamente. Saben que el corazón de Jesús está abierto a todos, sin excepción. Hay que proclamar el Evangelio del Reino a todos, y la caridad de los cristianos se ha de dirigir a todos los necesitados, simplemente porque son personas, hijos de Dios.

4. Esta vocación materna de la Iglesia hacia los necesitados y los enfermos se ha concretado, en su historia bimilenaria, en una rica serie de iniciativas en favor de los enfermos.
Esta historia de dedicación no se debe olvidar. Continúa hoy en todo el mundo.
En los países donde existen sistemas sanitarios públicos y adecuados, el trabajo de las congregaciones católicas, de las diócesis y de sus hospitales, además de proporcionar una atención médica de calidad, trata de poner a la persona humana en el centro del proceso terapéutico y de realizar la investigación científica en el respeto de la vida y de los valores morales cristianos.
En los países donde los sistemas sanitarios son inadecuados o inexistentes, la Iglesia trabaja para ofrecer a la gente la mejor atención sanitaria posible, para eliminar la mortalidad infantil y erradicar algunas enfermedades generalizadas. En todas partes trata de cuidar, incluso cuando no puede sanar.
La imagen de la Iglesia como un «hospital de campaña», que acoge a todos los heridos por la vida, es una realidad muy concreta, porque en algunas partes del mundo, sólo los hospitales de los misioneros y las diócesis brindan la atención necesaria a la población.

5. La memoria de la larga historia de servicio a los enfermos es motivo de alegría para la comunidad cristiana y especialmente para aquellos que realizan ese servicio en la actualidad. Sin embargo, hace falta mirar al pasado sobre todo para dejarse enriquecer por el mismo.
De él debemos aprender: la generosidad hasta el sacrificio total de muchos fundadores de institutos al servicio de los enfermos; la creatividad, impulsada por la caridad, de muchas iniciativas emprendidas a lo largo de los siglos; el compromiso en la investigación científica, para proporcionar a los enfermos una atención innovadora y fiable.
Este legado del pasado ayuda a proyectar bien el futuro. Por ejemplo, ayuda a preservar los hospitales católicos del riesgo del «empresarialismo», que en todo el mundo intenta que la atención médica caiga en el ámbito del mercado y termine descartando a los pobres.
La inteligencia organizacional y la caridad requieren más bien que se respete a la persona enferma en su dignidad y se la ponga siempre en el centro del proceso de la curación. Estas deben ser las orientaciones también de los cristianos que trabajan en las estructuras públicas y que, por su servicio, están llamados a dar un buen testimonio del Evangelio.

6. Jesús entregó a la Iglesia su poder de curar: «A los que crean, les acompañarán estos signos: […] impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos» (Mc 16,17-18). En los Hechos de los Apóstoles, leemos la descripción de las curaciones realizadas por Pedro (cf. Hch 3,4-8) y Pablo (cf. Hch 14,8-11). La tarea de la Iglesia, que sabe que debe mirar a los enfermos con la misma mirada llena de ternura y compasión que su Señor, responde a este don de Jesús. La pastoral de la salud sigue siendo, y siempre será, una misión necesaria y esencial que hay que vivir con renovado ímpetu tanto en las comunidades parroquiales como en los centros de atención más excelentes. No podemos olvidar la ternura y la perseverancia con las que muchas familias acompañan a sus hijos, padres y familiares, enfermos crónicos o discapacitados graves. La atención brindada en la familia es un testimonio extraordinario de amor por la persona humana que hay que respaldar con un reconocimiento adecuado y con unas políticas apropiadas. Por lo tanto, médicos y enfermeros, sacerdotes, consagrados y voluntarios, familiares y todos aquellos que se comprometen en el cuidado de los enfermos, participan en esta misión eclesial.
Se trata de una responsabilidad compartida que enriquece el valor del servicio diario de cada uno.

7. A María, Madre de la ternura, queremos confiarle todos los enfermos en el cuerpo y en el espíritu, para que los sostenga en la esperanza. Le pedimos también que nos ayude a acoger a nuestros hermanos enfermos. La Iglesia sabe que necesita una gracia especial para estar a la altura de su servicio evangélico de atención a los enfermos. Por lo tanto, la oración a la Madre del Señor nos ve unidos en una súplica insistente, para que cada miembro de la Iglesia viva con amor la vocación al servicio de la vida y de la salud. La Virgen María interceda por esta XXVI Jornada Mundial del Enfermo, ayude a las personas enfermas a vivir su sufrimiento en comunión con el Señor Jesús y apoye a quienes cuidan de ellas. A todos, enfermos, agentes sanitarios y voluntarios, imparto de corazón la Bendición Apostólica.

Vaticano, 26 de noviembre de 2017.
Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo.
Papa Francisco.


MENSAJE DE LOS OBISPOS DE LA COMISIÓN EPISCOPAL DE PASTORAL.
Pascua del Enfermo, 6 de mayo de 2018.
ACOMPAÑAR A LA FAMILIA EN LA ENFERMEDAD.



"Ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa" (Jn 19, 26-27)

En el Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo de este año, el Papa Francisco nos recuerda cómo "la Iglesia debe servir siempre a los enfermos y a los que cuidan de ellos con renovado vigor, en fidelidad al mandato del Señor (cf. Lc 9, 2-6; Mt 10, 1-8; Mc 6, 7-13), siguiendo el ejemplo muy elocuente de su Fundador y Maestro".
En esta Campaña, hemos querido prestar especial atención a quienes cuidan a los enfermos y, de entre ellos, a sus familias, que necesitan una atención especial por diversas razones. Por una parte, se pueden dar situaciones muy difíciles, ya sea por la gravedad, las limitaciones que impone o lo prolongado de la enfermedad.
Además, "la enfermedad de las personas que amamos se padece con mayor sufrimiento y angustia. Es el amor que nos hace sentir esto. Muchas veces para un padre y una madre, es más difícil soportar el dolor de un hijo, de una hija, que el suyo propio"1.

1. "Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo" (Jn 19, 26). Estas "palabras de Jesús son el origen de la vocación materna de María hacia la humanidad entera. (…) Como madre del Señor comienza para ella un nuevo camino de entrega (…). La vocación materna de María, la vocación de cuidar a sus hijos se transmite a Juan y a toda la Iglesia. Toda la comunidad de los discípulos está involucrada en la vocación materna de María"2. Así, María es convertida en modelo privilegiado para aprender a realizar el acompañamiento a las familias de los enfermos. Le ha sido encomendado por su Hijo en la Cruz el cuidado de San Juan y el de cada hombre; muy especialmente a quienes están particularmente asociados a la Cruz de su Hijo, como son los enfermos y sus familias.

2. Ella supo acompañar a su Hijo sufriendo con Él. "En efecto, aceptar al otro que sufre significa asumir de alguna manera su sufrimiento, de modo que este llegue a ser también mío. Pero precisamente porque ahora se ha convertido en sufrimiento compartido, en el cual se da la presencia de un otro, este sufrimiento queda traspasado por la luz del amor. Se sentirán acompañados, acogidos (…). La palabra latina consolatio, consolación, lo expresa de manera muy bella, sugiriendo un ser-con en la soledad, que entonces ya no es soledad"3.

3. No se trata solo de estar físicamente cerca de las familias que cuidan a sus familiares enfermos. Hemos de hacer nuestro el programa de San Pablo: "Alegraos con los que están alegres; llorad con los que lloran" (Rm 12, 15). Saber oír y compartir sus cansancios y tristezas, acompañar su soledad, … No podemos acompañar el sufrimiento de los demás como meros espectadores. Tomarse en serio acompañar a las familias de los enfermos implica involucrarse con ellas, hacer, de algún modo, nuestros sus sufrimientos.

4. Nos parece importante llamar la atención sobre algunas situaciones particularmente difíciles, como son enfermedades de larga duración, personas con problemas de salud mental o con 1 Papa Francisco, Audiencia General de 10 de junio de 2015. 2 Papa Francisco, Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo 2018. 3 Papa Benedicto XVI, Encíclica Spes salvi, n. 38. importante deterioro cognitivo, o personas con una particular dependencia. Asimismo, debemos prestar una particular atención al familiar que se convierte en el cuidador principal, ya sea por tratarse de familias con uno o pocos miembros, o de familias más numerosas en las que acaba recayendo el cuidado en uno solo de los seres queridos. Ciertamente, deberemos atender de modo distinto estas diversas situaciones.

5. No es igual cuidar durante un tiempo breve a un enfermo o hacerlo un tiempo prolongado, o que los cuidados requieran un mayor o menor esfuerzo con el consiguiente cansancio. En ocasiones, nos encontramos con "personas que están junto a los enfermos que tienen necesidad de una asistencia continuada, de una ayuda para lavarse, para vestirse, para alimentarse. Este servicio, especialmente cuando se prolonga en el tiempo, se puede volver fatigoso y pesado. Es relativamente fácil servir por algunos días, pero es difícil cuidar de una persona durante meses o incluso durante años, incluso cuando ella ya no es capaz de agradecer"4.

6. Acompañar a quien cuida un miembro de la familia con problemas de salud mental necesita una mayor carga de paciencia y comprensión. Entre otras razones porque sigue pesando un especial estigma sobre las personas con enfermedad mental. No podemos perder de vista que son personas especialmente vulnerables y el desgaste de la familia que les cuida es más profundo.

7. Cuando se trata de familias con un número importante de miembros, los cuidados pueden ser asumidos por más personas y la "carga" gozosa de cuidar a unos padres, por ejemplo, no se hace tan onerosa como en los casos de familias con menos miembros. Sin embargo, no es infrecuente en algunos casos que, en la práctica, la mayor parte de la responsabilidad del cuidado cotidiano recaiga principalmente sobre uno o dos familiares y los demás puedan despreocuparse un tanto, con la sensación de soledad de ese cuidador principal. Entonces, nuestra principal labor estará encaminada, además de acompañar al cuidador principal, a promover una toma de conciencia del resto de los familiares, respecto de la responsabilidad que tienen todos y cada uno de ellos, ciertamente, en función de las demás obligaciones y tareas de cada miembro de la familia.

8. No queremos dejar de agradecer a tantas personas que, sin ser familia de sangre, cuidan de los enfermos y, en cuanto cuidadores, también deben ser objeto de nuestra atención y acompañamiento. Pensemos en tantos profesionales sanitarios, en los voluntarios en parroquias y centros hospitalarios, o en tantos otros agentes que trabajan en la Pastoral de la salud y se convierten también en familia del enfermo.

9. En la Iglesia somos conscientes del tesoro que son cada uno de los enfermos y quienes les cuidan. "Vuestro silencioso testimonio es un signo eficaz e instrumento de evangelización para las personas que os atienden y para vuestras familias, en la certeza de que ninguna lágrima, ni de quien sufre ni de quien está a su lado, se pierde delante de Dios (Ángelus, 1 de febrero de 2009). Vosotros sois los hermanos de Cristo paciente, y con El, si queréis, salváis al mundo (Concilio Vaticano II, "Mensaje a los pobres, a los enfermos y a todos los que sufren")5.

Los Obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral

D. Braulio Rodríguez Plaza, Arzobispo de Toledo.
D. Francesc Pardo Artigas, Obispo de Girona.
D. José Vilaplana Blasco, Obispo de Huelva.
D. Santiago Gómez Sierra, Obispo auxiliar de Sevilla.
D. Luis Javier Argüello García, Obispo auxiliar de Valladolid.

4 Papa Francisco, Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo 2015.

5 Papa Benedicto XVI, Discurso a los participantes de las XXVII Conferencia Internacional del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, 17 de noviembre de 2012.

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